He quedado contigo porque no tengo cámara digital y claro, hay que hacerse una foto para el concurso friki del foro en el que posteo. Tú no sigues esas cosas, pero te divierte tanto como a mí hacer el ganso un poco.
Te ríes de mi melena rizada, dices que estoy rara pero que me queda graciosa.
Llevo en una bolsa mi disfraz… y tú como acordamos has traído el ventilador.
Vamos a tu cuarto. Te pregunto dónde está el baño, para cambiarme y pasar a ser esa chica de piernas largas y sugerentes tan famosa.
Entro en él, cierro el pestillo y me desvisto… sé que estás por aquí cerca, oigo tus pasos. Sonrío pensando que estarás impaciente imaginando qué disfraz traigo, y un poco excitado porque esté a pocos metros desnuda.
Deslizo mi cuerpo por el vestido blanco. Me miro… estoy perfecta. Ese escote es una maravilla, y el final de la falda se abre en varias tiras dejando mis piernas verse.
Antes de salir, doy un par de giros sobre mí misma para comprobar el vuelo del vestido… no sea que al moverme se vean las braguitas. De todas formas, las que llevo puestas son sugerentes, por si acaso. Son de esas que parecen un pantaloncito, y la tela es semitransparente, de color negro. No llevo sujetador porque ese escote no lo permite. Menos mal que hace calor y mis pezones no llamarán mucho la atención.
Te oigo hablarme: “Vaaa, ¡sal de una vez, vergonzosa! ¿Te gustan U2, no?”.
Empieza a sonar música, ambientando mi friki-transformación.
Me pinto con un eye-liner un pequeño lunar en la mejilla izquierda, y mis labios carnosos de color rojo. Por último, me siento y abrocho unas sandalias blancas de tacón alto. Jajaja, me falta pulverizarme de Channel nº 5, ay qué ver.
Bien, me miro en el espejo. Estoy rara, pero el resultado me gusta. Me siento increíblemente sexy con ese vestido.
Salgo sonriente… estás en tu habitación. Oyes mis tacones andando, así que empiezas a hablar: “¿Te gusta esta canción? Es muy buena”.
Cuando llego, prefiero jugar un poco. Asomo una pierna por el marco de la puerta de tu habitación. Una pierna insinuándose, con un zapato blanco de tacón.
“¡¡Uaaau!! Jajaja, ¡entra, entra!”, dices.
Y lo hago. Aparece ante tus ojos mi cuerpo enfundado en un vestido ajustado, blanco, y un escote de vértigo.
Me miras atónito. Estás con un CD en la mano, y se te cae.

- Hola de nuevo…
- Cris, estás impresionante. ¡¡Uff!!

Me acerco un poco a ti. Bailo con la canción de U2… Vaya, mientras estaba en el baño has puesto el ventilador. Los flecos del vestido se mueven, dejando ver mis piernas, que repasas una y otra vez.

- Eeehh… Cris, no me hagas esto…
- Jajaja, ¿el qué?

Sigo bailándote, juguetona, sonriendo. Me acerco cada vez más a ti. Una Marilyn Monroe a tu lado.

- Esto… eehh…

Estoy pegada a ti. A dos palmos, moviéndome, insinuándome.

- ¿Qué pasa si me acerco más?
- Cris… por favor… jajaja, eehhh…

Te noto tan nervioso que me divierte. El ventilador sigue moviendo el final de mi vestido, levantando la falda un poco. Me acerco… me encanta picarte.
Pero esta vez, te pico demasiado. Sorprendentemente, pierdes el control, me enganchas por la cintura y me atraes hacia ti. Ufff… me has pegado tanto a tu cuerpo que en un instante noto cómo creces entero. Estás duro, y eso hace ponerme muy nerviosa.
Nos miramos un momento. El corazón me late a mil, y el deseo se me escapa. De repente el juego pasó a ser menos infantil…
Me besas. Dios, con locura. Un beso húmedo, pasional, fortuito.
Comienzas a besarme el cuello, y echo la cabeza hacia atrás… bajas al pecho, que sin sujetador, se transparentan mis pezones por el vestido, así que llaman la atención… los tocas, metes la mano debajo de la ropa, los muerdes.
Exhalo un gemido tímido. Noto como el calor invade mi cuerpo, y pierdo la poca decencia que tengo. Te toco la entrepierna. Estás tan duro que vuelvo a soltar otro gemido, jajaja. Meto la mano por dentro de tu pantalón y te acaricio. Tú, te quitas la camisa como puedes, mientras sigues recorriendo mi cuerpo con los labios.

Decides bajar. Te pones de rodillas. El aire del ventilador levanta mi falda, sonrío expectante. Ahora, el que la levanta eres tú. Muerdes la tela de las braguitas, separándolas un poco de mi piel, y cogiéndolas con las manos, las deslizas hacia abajo, enrollándose en mis tobillos.
Pasas tu lengua por mi sexo. Uuuff… me haces enloquecer. Pasado un rato, tiras de mis manos hacia abajo, así que acabo tumbada en el suelo.
Me quito el vestido… Nos tocamos acaloradamente, mientras nuestras respiraciones se hacen cada vez más fuertes.
No sé por qué, decides que “pague” por jugar contigo. Coges mis dos manos, y las pasas por encima de mi cabeza, impidiéndome moverlas. Sujetas fuerte, cabrón.
Me penetras… ah, me arqueo de placer. Te introduces fuerte, rápido… Mientras, me miras como diciéndome: "¿ves lo que pasa por acercarte más?"

Marilyn