A Do le quieres o le odias. No hay término medio. Yo, me sitúo entre los que le adoran terriblemente, maldiciéndole a la vez.

Es alto, delgado. Su cara es cadavérica. Se rapa el poco pelo que le queda, brillando su calva mientras sonríe. Todo él son unos ojos azules y unos dientes grises por el tabaco. Un adicto terrible al humo y al café, tanto que le encanta saltarse a la torera las composturas y las normas establecidas sobre eso.

Es un crápula sin remedio. Un mal bicho con mala hostia predominante. Irónico, brutal, amigo de la palabrería y capaz de amargar la tarde al sensible. Cuando habla, lo hace en su mayoría violentamente. Tarde o temprano el diálogo se torna ácido, impetuoso, atacante.
Por tanto, es un cabezón sin remedio y amante del diálogo enfrentado. Te puedes tirar horas tratando sobre un mismo tema... bueno, más bien, discutiendo.

La gente le odia por su temperamento. Logra sacar de sus casillas hasta a el más tranquilo. Por eso me gusta. Con él no hay medias tintas, o aceptas su juego y te unes, o le rechazas de por vida.

Amante de las palabras, cosa que me gusta aún más. En esto de la creatividad, todo juego es posible.

Me fascina su personalidad compleja. Un artista de lo imprevisible, del ímpetu y del lado oscuro que todos tratamos de esconder.