Cada vez más delgada y más insulsa.
Arrancada de la vida a tropezones.
Más hecha de palo,
sabia y certera.
Muy pequeña,
y con más rabia en el cuerpo
que en la cabeza.
¿Qué es el lamento?
¿Para qué sirve?
¿En qué me he de convertir
para que mi piel no tirite?
Qué pasa si me estoy
consumiendo por dentro.
Si me siento desorientada
en el mismo centro.
Más lanzada a la vida de sarmiento,
que quema, escuece
y se consume en un pis pas.
Muda que grita por sus manos,
ciega en la oscuridad.
A tientas... ¿cómo llorar a tientas?
No se puede,
hay que pensar para no tropezar.
Cada vez más consumida por la vida.
Y qué, todos estamos igual.