No te enfades si cuando me hablas dejo de escucharte. Lo siento, pero es que no existen más que tus ojos.
Me paralizas y haces que sólo piense en besarte, abrazarte, en tu piel o en el olor de tu cuello.
Te miro y no sé por qué tengo esta sensación de haberte tenido ya antes, de que hemos sido un "nosotros" y el tiempo se ha burlado borrándonos la memoria, pero no los sentidos.
Esos ojos... me hablan con palabras que no quiero llegar a escuchar. Siento como si fuéramos dos cómplices de la nada. Porque aquí, ahora, con tan sólo mirarte te siento mío. Y me gustaría que fuéramos capaces de jugar a leernos los ojos en serio.
Pero no es posible, y sólo queda mirarnos diciéndolo todo, pero nunca llegando a contar nada.