Y bebía y bebía litros de absenta en estado vaporizado por culpa de algún insensato. Seguro que se había dejado el tapón descorchado y enroscado a sus recuerdos, será egoísta el muy cerdo.

Hace tiempo tuve un hada encerrada en mi cuarto. Fue extraño, porque la confundí con un mosquito trompetero, y yo, miedosa como soy, llamé a mi padre para que lo matara. Pero el pobre no vio nada, porque el hada se escondió bajo mis calcetines. Una que es desordenada.

El caso es que, una vez sola de nuevo, el hada se me apareció y me susurró al oído. Lo curioso es que no pensé qué cojones hacía un hada saliendo de mis calcetines.
Me dijo con cara enfurruñada que venía a vengarse. Quería reivindicar su título de Hada Okupa, porque los mosquitos se lo arrebataron un día.
"Claro- pensé-, de ahí mi confusión con un bicho asqueroso".

Desde entonces empecé a usar el kill paff, y decidí tirar mis calcetines por el suelo, por si alguna vez volvía el hada. Pero no lo hizo. Los okupas odian ser invitados, claro.

A todo esto, seguía evaporizándome en absenta. La magia ronda en cada resquicio de aire profanado por los borrachos...