Bajo la influencia de un par de mojitos y unas cervezas, Shenka llegó a vérselas con el mismísimo Dadá.

Sí, fue una aparición en toda regla. No es que Lavapiés obre milagros, ni siquiera fueron los mojitos. La culpa de todo la tiene Mcnamara, que de freaky shows saben un rato.

El caso, es que Dadá se apareció. Y juntos, nos perdimos durante unas horas, hablando de lo extraño, lo bonito, lo feo, y lo absurdo de la vida.

Si las musas de charol nos vuelven a juntar, le pediré que me firme un cadáver exquisito de su propia mano. ¡Qué menos!

:)