De allá arriba, de lejos.
Lo justo para poder mandarte un beso sin sufrir.
Suficiente para poder verte y no tomar partido en tus locuras.

Norte, del frío que desprenden mis ojos.
Y de las mil y una estrellas, compañeras, que dejo en pausa.

Hoy mi nombre se torna azul, ventisca, hielo para el alma.
Egoísmo en estado puro, esencia marchitada.

Hoy me llamo Norte... Shenka, quizás, mañana.