La Palillo vive a base de esperma. Uno, tras otro, tras dos más. El olor a polla que desprende es ya casi hormonal. Vamos, que los maricones se la quedan mirando relamiéndose, y eso que es una señorita de pro.
Como si fuese de Transexvania, chupa hasta dejar a sus víctimas secas.

¡Comepollas!-Le dicen. Y ella menea su culito por las calles, sonriéndoles con cara de zorrona.

Cuentan que desde que vio en la revista Vale que el semen rejuvenecía, cambió a su dieta ahora usual. Desde los quince lleva así. Ya lo dicen de los colegios religiosos.

Guarda en vasitos tapados con albal las sobras del día. Y de madrugada, en pleno atracón, desaparecen con avidez. O bien llama a la puerta del vecino y le hace una mamada compulsiva.

Y la verdad sea dicha, tiene la cara preciosa, lisita. Blanquecina.
Lechosa.


Imagen: Mamada a punto de cruz, por Maku1.