Vivo en una pompa de jabón donde la ilusión y la alegría campan. Cierro los ojos y prefiero ver el exterior así, de colores arcoiris reflejados, distorsionados. Porque el día que me dé por rozar con la uña mi morada, o se acabe más bien el oxígeno y mi cuerpo se haga demasiado grande para ser elevado en jabón; ese día, se acabará lo bonito y la serpentina, y dará comienzo a ese remolino que te chupa por dentro y no sabes cómo parar.
Y mira que lo pienso, y ese vacío ya lo tengo un poco metido, me cala por debajo de los ojos y de los oídos, y la tristeza de que todo acaba me hierve las venas plácidas, y mis uñas se agarran tanto que lloran de miedo.
Pero quiero dejar de jugar a ser de tul, lazos y pestañas bonitas. Quiero romper la pompa de jabón, nacer de una vez, ser esas teclas a la noche de verdad.

El día que lo consiga me compro una olivetti.