Azul alado, mi Ícaro sobrevuela sombras y ruinas. El aire pega fuerte y tiembla. Ojos de dos cristales, profundos como el océano, tristeza desbordada.
Mi Ícaro sueña con quedarse cerca, cerca del sol, y rompe las nubes y el gris se prende de blancas plumas.
Y llora porque llueve amargo y no teme al calor. Y se derrite, y cae en la imparable espiral del tiempo, en los miedos profundos, en un abrazo conmigo.

Y le recojo, como puedo.
Y le curo para el nuevo vuelo.