Unos maleantes entraron a escondidas y se llevaron otra parte de mí. Cada día me queda menos paciencia. Y me siento más engañada por todos. A este paso acabaré mirando por los rincones, preguntándome quién era esa personita de la que mi madre a veces habla.

Me hago mayor, se me notan las decepciones entre la comisura de los labios.