Sí, está llorando, fijo. ¿Qué le pasará? Seguro que se ha follado a alguno y su mejor amiga se lo ha largado al novio. Si es que son todas unas putas.
La verdad es que se la ve muy triste. A lo mejor se ha quedado sin
curro, tal como estamos todos... O se le ha muerto alguien.
Tiene pinta de haber estudiado Periodismo o Relaciones Públicas.
Una modernilla venida a menos. Me gustan sus zapas.
Está buena.
¿Nadie se da cuenta de que está llorando?
Una tía así no debería estar tan sola.
Espera, una señora se le acerca. Venga esa ayuda, coño.
Tócate los cojones, se va a sentar pero la ve llorando y cambia de
idea. Y se va. La muy puta se va y la deja ahí.
Mírame. Estoy aquí, enfrente, te estoy mirando. No estás sola.
Se suena los mocos como una niña pequeña. Sin tapujos ni vergüenzas.
Aun estando así es guapa.
Debería ir.
¿Cruzo el andén y qué? ¿Le doy un kleenex? ¿Una palmadita en la
espalda? Me va a mandar a la mierda. Paso.
3 minutos para que venga su metro.
¿Cómo se llamará?
Podría cruzar y simplemente no decir nada, sentarme con ella y acompañarla hasta que llegue su tren.
2 minutos.
O podría hablarle de mí como si nada. Contarle el día ese que me puse tan pedo que me caí boca arriba al mear y no podía ni ponerme de pie, y decirle que desde entonces me llaman el Cucaracha.
Puede que me mire las patillas y se ría.
Puede que merezca la pena.
Espera, la gente se mueve, se están levantando.
1 minuto.
¿Qué hago, voy? ¿Voy?
¡Hostia voy!
Se deben de estar riendo de mí pero bien, deben de pensar: «Ya está el subnormal que se equivoca de andén y se da cuenta en el último momento».
¡Corre, Javi, coño, que se te va!
¿Dónde estás? No te veo, te has movido.
¡Ah, en la primera fila!
Estoy detrás de ti. Como un auténtico idiota detrás de ti. Desde aquí estás realmente triste.
Suena el metro que llega. Joder, no me va a dar tiempo. ¿Me monto contigo? ¿Y qué hago tanto tiempo callado? Debería decirte algo ya.
Me pongo a tu lado, te miro a los ojos. Impresionas. Pero no me ves, no ves nada.
Saltas y me dejas mudo para siempre.